Difusión digital: ¿la erosión de los medios tradicionales?
- iospina01
- 29 ago 2025
- 4 min de lectura
Actualizado: 5 sept 2025
El auge de figuras y medios informativos en internet coincide con el declive global de los medios de radiodifusión clásicos
Por: Silvana Sepúlveda Gómez

Según el reporte más reciente de DataReportal está claro que la era de los medios digitales continúa en su auge. No sólo se puede visualizar cómo el consumo de medios análogos como la televisión viene en declive con cada generación mayor a los 65 años, sino también se confirma el incremento en usuarios de internet en los públicos más jóvenes.
El reporte muestra que la principal razón por la que los usuarios usan el internet es para buscar información (con el 61.3%), donde los medios de comunicación juegan un gran papel. Sin embargo, la gente está progresivamente migrando a espacios digitales para informarse, evidenciado al comparar las 17 horas de televisión que públicos de la tercera edad consumen versus las meras 8 horas que los adolescentes y adultos jóvenes gastan.
Los influencers informativos
Es más, se pueden determinar ciertas modas y preferencias al observar minuciosamente el comportamiento de las demografías que más usan internet: los millennials, la generación z y la generación alfa. Una particularidad es su afinidad por informadores alternativos “fuera del establecimiento”, quienes muchas veces terminan siendo influencers o comentaristas en plataformas como YouTube y Spotify.
A pesar de los posibles beneficios de accesibilidad y democratización de las noticias, estas nuevas figuras “periodísticas” pueden presentar problemas en cuanto a la calidad e intencionalidad de la información que comparten. Esto se debe a que, en muchas ocasiones, dichos influencers presentan un claro sesgo político que los impulsa a promover teorías conspiranoicas y rumores infundados.
Un ejemplo reciente es la demanda con 22 cargos por difamación que el presidente francés Emmanuel Macron presentó en Estados Unidos contra una comentarista de YouTube. El motivo no fue defenderse de acusaciones, sino reivindicar a su esposa, Brigitte Macron, de los rumores difundidos por Candace Owens de que nació como el hombre Jean-Michel Trogneux.
Desde hace un par de meses, Owens ha publicado seis episodios (sin contar la introducción y epílogo) de su serie de YouTube “Convirtiéndose en Brigitte” en la cual usa imágenes viejas y recuentos de la infancia para argumentar que esta figura pública nació, en realidad, con el nombre y género de su hermano Jean-Michel.
“En casos como el de Owens o influenciadores afines a una derecha republicana más radical, es notable su papel como articuladores de discursos fringe o de nichos (como las teorías conspirativas) con lo mainstream y lo popular”, explica Valerie Cortés Villalba, profesora e investigadora de ecosistemas digitales en la Pontificia Universidad Javeriana.
“A esto se le suma un contexto político internacional en el que la política estadounidense personificada por el presidente Donald Trump legitima, al menos discursivamente, ataques, estigmatizaciones y en efecto, discursos de odio como es el caso contra Brigitte Macron,” continúa Cortés. Más allá de periodismo, estos contenidos culminan en campañas de hostigamiento hacia la reputación de figuras públicas.
No obstante, los videos de Owens actualmente acumulan 25,4 millones de vistas. Por lo tanto, cuentan con el apoyo de millones de seguidores, muchos quienes consideran que los medios tradicionales están ocultando la verdad de la identidad de Brigitte; “Esto implica, en términos democráticos, que hace más difícil el lugar del diálogo y la deliberación; pues lo que yo considero realidad, el otro lo considera una mentira fabricada,” concluye Cortés.
La guerra contra los medios públicos
Sin embargo, es necesario notar que los medios tradicionales de comunicación y radiodifusión no sólo se encuentran en riesgo debido al auge de influencers alternativos y personalidades en línea; también existen amenazas directas de cortar financiación gubernamental que afecta el acceso de información de las comunidades más vulnerables.
En el caso de Estados Unidos, el presidente Donald Trump anunció recortes de 1.100 millones de dólares en fondos para la radiodifusión pública hasta el año fiscal 2027. La principal entidad afectada, la Corporación para la Radiodifusión Pública (CPB como sigla en inglés), gestiona los fondos federales para no sólo grandes cadenas como NPR y PBS, sino también para múltiples medios de comunicación en zonas rurales alejadas.
El sistema de medios públicos continuó contando con el apoyo bipartidista de los legisladores durante muchos años, incluso cuando funcionarios conservadores
buscaban recortar la financiación de los contribuyentes. Sin embargo, esto
cambió con la administración Trump; por primera vez en casi 60 años, el
Congreso se niega a financiar a CPB.
“Es riesgoso: bien sea que [los medios públicos] desaparezcan o que sean cooptados por algún proyecto político en el poder con pretensiones de hegemonía. En esa medida, un sector considerable de la ciudadanía en Estados Unidos seguramente se va a sentir huérfano y desorientado,” afirma el editor de la sección del periódico El Tiempo Federico Arango Cammaert.
La situación también genera una brecha informativa. Las estaciones en mercados más grandes suelen contar con una mayor variedad de fuentes de financiación, como el apoyo de fundaciones. En cambio, las estaciones en zonas rurales y comunidades más pequeñas tienden a depender en mayor medida del subsidio federal; su falta de apoyo resultará en menos programas originales y menos cobertura de noticias locales.
“Este ha sido un sistema Estatal, no gubernamental que ha obedecido a principios de interés público más allá de las tensiones entre demócratas y republicanos. En esa medida, un proyecto como el de Trump viene a reconfigurar lo público,” argumenta Arango.
En momentos como estos es significativo recordar el papel fundamental de la difusión responsable de información: no sólo para desacreditar teorías dañinas, sino también para brindar apoyo a comunidades apartadas de los grandes centros urbanos quienes, frecuentemente, son dejados de lado.
Si el internet está cambiando la forma de percibir e interpretar historias, es necesario adaptar las noticias a las necesidades de las nuevas audiencias.




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